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EFE

El sistema inmune, un aliado para la adicción al alcohol

Un equipo internacional de investigadores demostró que en los bebedores habituales, el consumo de alcohol modifica la forma de la materia gris cerebral, lo que, a su vez, aumenta su capacidad de adicción.

Los detalles de este estudio traslacional, que combinó la investigación básica con ratas y la clínica con humanos, se publican hoy, en la revista Science Advances.

Coordinada por los doctores Santiago Canals, del Instituto de Neurociencias UMH-CSIC en Alicante (España), y Wolfgang Sommer, del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg (Alemania), con participación de centros de Italia y la República Checa, la investigación propone un mecanismo de adicción al alcohol totalmente nuevo y desconocido hasta ahora.

Además de estar en el origen de más de doscientas enfermedades, el consumo excesivo de alcohol provoca más de tres millones de muertes cada año en el mundo, por lo que la detección temprana de sus efectos negativos es un objetivo prioritario de los neurocientíficos.

Según el estudio, las responsables del cambio de forma de la sustancia gris son las células del sistema inmune que residen en el cerebro, la microglia.

El alcohol activa a estas células de defensa y cambia sus características bioquímicas y su forma, que pasa de ser ramificada a otra más redondeada, un cambio que altera el espacio extracelular y habilita rutas de difusión de sustancias que sin el alcohol estarían limitadas.

El espacio extracelular, formado por huecos y canales, está ocupado por líquido y proteínas.

"En el líquido extracelular circulan sustancias fundamentales para muchos procesos fisiológicos. Lo que nosotros vemos es que, al encoger sus numerosas prolongaciones, la microglia elimina barreras para la difusión, o lo que es lo mismo, habilita rutas que estaban bloqueadas", explica Santiago Canals.

El siguiente paso de la investigación será averiguar si este efecto es producido directamente por la acción del alcohol sobre la microglia, o lo hace de forma indirecta, a través de intermediarios, como el hígado o la microbiota intestinal.

El trabajo también demuestra que las alteraciones en la materia gris cerebral de los seres humanos y ratas es mayor entre los que beben habitualmente, y que dichas alteraciones -que aparecen poco después del inicio del consumo de alcohol en ratas- persisten en la abstinencia temprana tanto en roedores como en humanos.

"Por una vía indirecta como es cambiar la geometría del espacio extracelular, el alcohol facilita la adicción. Este es un mecanismo totalmente nuevo de adicción. Al mismo tiempo, identificamos también un nuevo mecanismo de interacción sistema inmune-cerebro", resalta Sommer.

El aumento de la concentración y alcance espacial de neurotransmisores como dopamina, glutamato o neuropéptidos puede convertir las propiedades gratificantes débiles del alcohol en poderosos efectores en la formación de hábitos de consumo que eventualmente conduzcan a la adicción en algunas personas, advierten los investigadores.

Comprender y, en última instancia, revertir estos cambios puede ayudar al desarrollo de tratamientos más eficaces.

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