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Una exponente de reconocida trayectoria Luciel Espinoz
Priscila Pinell

Una exponente de reconocida trayectoria Luciel Espinoza

Lleva la mitad de su vida tocando el charango, ha viajado por varios países del mundo dando a conocer Bolivia a través de la música. Se trata de Luciel Izumi Espinoza Nuñez, de 24 años, quien comenzó su trayectoria artística cuando tenía 11.

Su pasión por el charango nació en ella de forma natural, pese a que en un inicio su mamá no estaba de acuerdo con su inclinación por la música como forma de vida.

Los acordes que emergían del charango conmovían su espíritu, pero jamás se imaginó que era algo que llevaba en la sangre, pues, ya adolescente, se enteró que su padre es un famoso charanguista reconocido a nivel nacional.

La mamá de Luciel la conminó a que estudie una carrera universitaria antes de  dedicarse a la música. Este fue el estímulo que llevó a la joven charanguista a terminar la carrera de Ingeniería Comercial y, después dedicarse de lleno a la ejecución del charango.

La primera persona que apoyó a la talentosa joven fue su hermano, pues la inscribió a unos cursos de charango en los que aprendió lo básico, después perfeccionó su estilo de forma autodidacta. 

“Mi pasión es todo el arte que se expresa (…) Pero ahora estoy muy involucrada con el charango porque me permite hacer mis propias composiciones y presentarlas al público”, señala la joven.

 

ESTILOS, EDADES Y COMPOSICIONES

La música ejecutada por Luciel va desde cuecas, chacareras, candombe, funk, bossa nova, hasta jazz. Unas diversidades de géneros musicales forman parte del repertorio ejecutado en sus conciertos.

“Soy un ch’enko (enredo o mezcla), o estoy escuchando hip hop, funk o huayñitos de los Caminantes”, cuenta.

Diez de sus composiciones forman parte el menú musical escuchado por su público. 

Cada una de sus “tocadas” está dividida en dos partes, una de ellas es la recopilación de canciones emblemáticas del folklore nacional y también latinoamericano, y la otra parte tiene que ver con sus creaciones.

Si bien el proyecto musical que maneja es como solista, Luciel reconoce que los músicos que la acompañan son una parte fundamental para enamorar a sus oyentes. “Nos manejamos como banda porque los músicos aportan mucho al folklore. Si no fuera por los demás músicos, el charango sería nada”, cuenta. Los músicos que acompañan a la “charanguista”, al igual que ella, son jóvenes. Pero también los adultos mayores van a sus conciertos.

 

EQUILIBRIO INTERNO

Luciel dice que no solo se aboca a la parte técnica de la música, “no solo es la parte técnica y practicar hasta que me duelan los dedos, si no me preparo mucho internamente, teniendo contacto con la naturaleza y los animales”.

 

DISCRIMINACIÓN

La charanguista recuerda que cuando estuvo en Estados Unidos (Las Vegas y Nueva York) fue muy bien recibida y solo la miraban extraño porque llevaba ropa con motivos andinos o aguayos, pero que simplemente le preguntaban de dónde provenía y qué instrumento tocaba.

Sin embargo, lamenta que en su visita a México, en un concierto de jazz, sintió la discriminación y no solo por ser boliviana sino por ser mujer, pues quienes tocaban en el concierto eran solo hombres. “Yo quería subir al escenario a tocar y no me dejaban, cuando me lo permitieron, quedaron encantados con el charango y pidieron que toque más canciones”, dice.

Después de ese mal rato que tuvo que pasar, llegó la aceptación y la admiración de sus colegas músicos y quienes la llamaban “la boliviana”. Esto era un orgullo para ella, pues era bien reconocida por su talento.

Una exponente de reconocida trayectoria Luciel Espinoz

Una exponente de reconocida trayectoria Luciel Espinoz

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