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El Deber

Un niño camina 8 kilómetros en busca de ayuda para alimentar a sus siete hermanos

Luis Marcelo tiene 11 años. Esta mañana vio a sus padres (él albañil desempleado y ella ama de casa) salir a buscar dinero para dar de comer a sus ocho hijos. “Hace tres días que no comemos”, dice el niño, con tranquilidad, asumiendo eso como si fuera normal. 

La cuarentena por el coronavirus, más allá del temor por el contagio con la letal enfermedad, tiene un rostro dramático para algunas familias. El Gobierno ha anunciado bonos y otro tipo de ayuda a los más necesitadas, pero mientras esa ayuda llega, la desesperación por el sustento obliga a muchos a salir pese a la orden de confinamiento.

Luis Marcelo no pudo esperar y esta mañana salió de su casa sin decirle a sus hermanos, porque se enteró por Facebook que en el séptimo anillo de la avenida Cristo Redentor, una fundación había entregado 10 canastones a las familias más necesitadas de la zona. Entonces salió a las 9:00 de su casa, en el noveno anillo de la avenida Virgen de Luján, para caminar unos 8 kilómetros y llegar a pedir ayuda para su familia. 

Tres horas después, Luis Marcelo tocó la reja de la casa de Gladys Echenique, directora de la fundación Calentando Corazones. “Estuvimos comiendo huevo con arroz, pero hace tres días se acabó”, comenta el niño y agrega que las tres horas de caminata bajo el sol lo dejaron exhausto y que debía meterse por calles y evitar avenidas. “Tenía miedo de que alguna patrulla me agarrara por salir a la calle”, dice.

Pero la motivación de Luis Marcelo estaba por encima de ese temor, puesto que la mayoría de sus hermanos son menores que él; incluso, uno, de seis años, nació con problemas de columna y pese a ser sometido a varias cirugías, está en silla de ruedas, comenta Gladys Echenique. El menor agrega que lo único que había en su casa era algo de leche para su hermana menor, de un año, y un poco de fideo. Por eso su desesperación de salir a buscar ayuda.

Tras divulgar su historia entre sus vecinos, a la casa de Gladys, donde el menor estará hasta las 20:00, empezaron a llegar víveres para ayudar a la familia de Luis Marcelo. “Me siento contento porque mis hermanos van a poder cenar esta noche”, dice el niño, aunque también comenta su temor de que la carne y pollo que ha empezado a llegar se puede echar a perder porque no tienen heladera.

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