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Elías López Fernández

Esoterismo y misticismo caracterizan al emblemático Mercado de las Brujas

La Paz aún vive entre el misticismo del mundo de sus ancestros y las corrientes del mundo moderno. El Mercado de las Brujas resume esta mezcla de creencias ancestrales basadas en la naturaleza y en la magia de los objetos junto con la fe católica llevada desde los inicios de la conquista. En el país con mayor porcentaje de población indígena de Sudamérica, la Pachamama, es decir, la Madre Tierra, tiene tanta o más importancia que otros conceptos adquiridos, a través de las misiones evangelizadoras de siglos anteriores.

En ese contexto, los rituales en busca de la fortuna, el amor o el trabajo, realizados por personas entendidas en estas costumbres, requieren de una serie de objetos o figuras esenciales para poderlos realizar. Y es precisamente en el mercado paceño denominado “de las brujas” el más indicado para hacerse con los amuletos o recetas y así lograr ese afán por medios que se salen de toda racionalidad.

Da igual que una persona sea supersticiosa, milagrera o incrédula, indistintamente de la circunstancia, este enigmático lugar, ubicado en la calle Linares, una de las más emblemáticas de la ciudad de La Paz, no pasa desapercibido para nadie.

La Paz tiene un ‘Mercado de las Brujas’, un denominativo que de acuerdo con relatos que se dan por el lugar, tuvo su origen a finales del siglo XVIII, cuando una mujer llamada Josefa Apaza, a quien la acusaron de practicar brujería por una mesa de ofrenda que hizo en la calle Linares, según se cuenta ella quería recuperar el “ajayu” (alma) de su hijo.

Desde entonces se fue perfilando el nombre de Mercado de las Brujas, denominativo que se arraigó no solo en la urbe paceña, sino también en Bolivia, desde la década de los años 40.

Mediante Ley Municipal 337 del 18 de junio de 2019 se declaró Patrimonio Cultural e Inmaterial al Mercado de las Brujas, como espacio público cultural del municipio de La Paz y sus componentes. Con esta normativa se busca aplicar políticas de salvaguarda al valor histórico del lugar.

Los rituales que realizan kallawayas, yatiris, amautas, capachaqueras, chifleras y artesanos son algunas de las actividades que caracterizan al lugar, visitado diariamente por turistas nacionales y extranjeros. “Los turistas ya nos conocen por el nombre del Mercado de las Brujas, por eso nos visitan, el nombre nos ha convertido en un punto de referencia a nivel internacional”, comenta Daniela, ella tiene un puesto de venta de productos de plantas medicinales, cremas, velas, infusiones y un sin fin de amuletos.

La variedad de actividades citadas, no solo se asienta en la Linares, sino también en las calles Juan Bautista, Sagarnaga, Santa Cruz, Illampu, Melchor Jiménez y el Atrio de la Basílica menor de San Francisco.

El paseo que todo turista realiza por la calle Linares y adyacentes refleja, para el ciudadano de La Paz, miradas panorámicas y atención no solo sobre los productos para realizar las tradicionales k’oas (mesas de ofrenda a la Pachamama), sino también sobre los objetos artesanales que se pueden encontrar por el lugar como: poleras, mantillas, ponchos, sombreros, todo en lana de alpaca; instrumentos musicales y joyas, que son algunas de las ofertas.

Con todo lo conocido en el lugar, se puede afirmar que el producto estrella y que más boquiabiertos deja a los visitantes es la ingente cantidad de fetos de llama dispuestos en cestos, colgados de cordeles o amontonados en las mesas.

Hay grandes, con lana y todo, y los pequeños, e incluso diminutos, prácticamente sin desarrollar unos cuerpecillos ahora rígidos. ¿Pero qué tienen de especial estos fetos?, la respuesta la obtuvo El Dominical de GENTE por parte de las señoras vendedoras que, muy amablemente, explicaron que, según las creencias ancestrales estos productos con la adecuada ceremonia ancestral, auguran fortuna y bienestar para los creyentes.

Las vendedoras quisieron dejar en claro que no se mataba a una llama para sacarle al feto de su vientre, sino que son parte de abortos naturales, de crías muertas a los pocos días o de hembras llevadas para sacrificar y que resultaban estar preñadas.

En el Mercado de las Brujas, además de estas criaturas, se pueden ver otros productos como sapos disecados o pelo de variedad de animales. Aunque, según Juana, otra vendedora del lugar, no tienen tanto éxito como los brebajes y pócimas secretas que dicen aumentar la potencia sexual para ser un macho viril e irrefrenable, o aquellas que aseguran el sometimiento de la pareja, sobre la que se tiene dudas en cuanto a amor o fidelidad.

Pero no todo es para el amor o fetos de llama en el Mercado de las Brujas, hay pócimas con los que se puede atraer clientela a tu negocio, hacerte inmensamente rico o incluso fastidiar al peor de tus enemigos. Velas, inciensos, amuletos (…) nada falta en este universo del esoterismo y la magia convertida en uno de los lugares más indiscutibles de La Paz.

Un estudio de la Alcaldía señala que el denominativo de Mercado de las Brujas fue incluido en 1970 en una ruta turística por empresas que prestan este servicio, razón por la que los turistas pueden llegar hasta el lugar guiados por mapas, con la ayuda de sus GPS, por lo que es usual ver a los extranjeros que transitan por la calle Linares admirarse por estar en el tradicional Mercado de las Brujas.

De acuerdo con el investigador en patrimonio, David Mendoza, estos conocedores ancestrales, se encuentran en este lugar porque hay una hipótesis que deriva de los kallawayas. La parte de la Basílica de San Francisco, que conecta con la calle Illampu, era un monte y en el lugar había una waka o deidad andina, donde se realizaban ofrendas y rituales ancestrales.

Señaló que la Basílica de San Francisco, lugar en el que confluyen varios ríos, antes y durante la época colonial existía un adoratorio de la época prehispánica, el mismo que ha sido copado por los franciscanos. En el pasado se han hecho excavaciones y se han encontrado restos de cerámica y galerías, donde supuestamente estaban explotando oro en aquel entonces. Se afirma que en este sitio existía un centro de culto a las wakas, deidades andinas, “pero eso solo es una hipótesis”.

Vale la pena darse un paseo y formar parte de esta propuesta llena de colorido e irrepetible que oferta el Mercado de las Brujas, basta un poco de curiosidad para no perderse de tan pintoresco lugar. Comprar o no comprar es algo totalmente secundario, aunque quién podría resistirse a llevarse a su casa un ‘Jabón Ven a Mí’ o una pócima para la fortuna.

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