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Betty Rojas Rodríguez

Volvió el fútbol a Bolivia, sin hinchas en las tribunas

No hubo papel picado ni humos ni se escuchó el grito de guerra de la hinchada cuando anoche Wilstermann salió  al gramado del Félix Capriles para enfrentar al Athletico Paranaense, por la Copa Libertadores.

El fútbol profesional volvió a Bolivia, después de 184 días, pero la hinchada aún no pudo disfrutar de ver el espectáculo en vivo y en directo, por las restricciones a causa de la pandemia del coronavirus.

La hinchada aviadora tuvo que reinventarse y buscar formas diferentes  para hacer llegar su apoyo y aliento al equipo. Hubo banderas en todo el recorrido que hizo el bus, banderas gigantes en la curva sur, hasta el Cristo de la Concordia fue iluminado de color rojo con el escudo de Wilstermann en el pecho.

Sin embargo, al final la fanaticada aviadora no pudo festejar un triunfo del equipo de sus amores.

Muchos hinchas se reunieron en algunos locales de la ciudad para ver el partido.

Cada gol de Wilstermann fue festejado como si se tratara de un título. La fanaticada se sacó ese grito de gol que lo tenía ahogado en el pecho hace seis meses. Pero lastimosamente para ellos no pudo ser un festejo completo, porque Wilstermann cayó por 2-3 ante el Athletico Paranaense.

Cochabamba volvió a vivir un partido de fútbol y con un cotejo de lujo, nada más y nada menos que de la Copa Libertadores, pero fue un encuentro inédito,  atípico desde todo punto de vista.

No hubo el banderazo con miles de hinchas en el hotel de concentración del equipo.

El equipo visitante no tuvo ningún contacto con la prensa ni siquiera realizó el usual reconocimiento del estadio Capriles. Incluso su salida de Cochabamba y del país fue tan sólo dos horas después de que finalizó el encuentro.

En un partido normal de la Copa el estadio estaba abarrotado de hinchas y tratando de ingresar lo más antes posible al escenario deportivo, para encontrar el mejor lugar para ver el partido.

Ayer si bien hubo algo de movimiento en inmediaciones del estadio, por la presencia de algunos hinchas y vendedores de banderas y poleras, mientras más se acercaba la hora del partido las restricciones de acceso a las inmediaciones al recinto deportivo eran más estrictas.

Una hora antes del partido nadie que no estuviera acreditado podía acercarse a 100 metros del estadio. Las vías estaban cerradas y más de un conductor que vivía por la zona se quejaba porque no le dejaban ingresar a la calle de su casa.

En definitiva el fútbol volvió al país, aunque para desdicha de los hinchas de Wilstermann no fue con una victoria, pero el balón volvió a rodar en Bolivia, país en el que el balompié aún espera por la luz verde de las autoridades para la reanudación del torneo profesional.

 

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